|
||||
| ¡Ponte pilas! |
|
Que las empresas se manifiestan a favor de la protección del ambiente, de la sustentabilidad y del futuro, cuando menos, está de moda. Es cónsono con la responsabilidad social y a la postre con los resultados financieros, porque hacer el bien – incluso si no se mira a quién – reditúa. A diferencia de la relación RSE–Réditos, la vinculación entre el verbo y la acción (lo que se dice y lo que se hace) no siempre es coherente en las personas y también en las organizaciones. Esta incongruencia la encontramos desde el diseño mismo, en los aparatos que requieren de adaptadores de energía y pilas, esos dispositivos “generalmente pequeño, en el que la energía química se transforma en eléctrica”.En algún momento de finales del siglo XX las pilas o baterías parecían destinadas a desaparecer o cuando menos, a usos muy limitados. Pero ocurrió exactamente lo contrario. La portabilidad, el control remoto, la interactividad y el wireless – deudores de la radio a transistores y las linternas portátiles – le dieron un nuevo impulso al uso de las pilas y de los adaptadores de corriente eléctrica, como medio para recargar las baterías o sustituirlas.
Por cierto, si algo afecta mi decisión de compra, es un aparato que exige ocho pilas para funcionar y otras 4 ó 6 para el control remoto. Si las empresas que diseñan, producen o distribuyen aparatos que requieren de baterías y/o adaptadores de corriente pensaran en el usuario y en el ambiente, de seguro reducirían el número de baterías o, cuando menos, adicionarían un conector estándar – único, universal – para sustituir la alimentación de baterías por energía eléctrica, cuando sea posible. La buena noticia es que habiendo un conector estándar para todos los juguetes, por ejemplo, los fabricantes podrían notificar en la caja Power adapter not included, así como desde hace años advierten Batteries not included. Este paso beneficia a compradores y fabricantes… ¡Ah, sí! También al ambiente. Hablando de buen diseño y rendimiento, durante varios años hemos utilizado el grabador digital de voz con puerto USB (Olympus WS-100), por lo que no precisa cables ni software para la transferencia y opera con sólo una pila triple “A”, la que – y esta es una de sus fortalezas de cara al tema que nos ocupa – soporta horas y horas de grabación. Si un grabador digital es capaz de ser parco en el uso de energía y recursos, qué impide que otros aparatos eléctricos y electrónicos no puedan hacer lo propio. El tema no es nuevo. La queja tampoco. Años atrás, en el programa 60 minutes (CBS – EE. UU.) escuchamos a Andy Rooney quejarse de la colección de cables y power adapters, inútiles para él, guardados en una gaveta. Veinte años después, su comentario no ha perdido vigencia y el tema, con evidentes implicaciones de costo para el cliente y el ambiente, no parece interesar a las empresas. He aquí la incongruencia a la que hacemos referencia más arriba, mientras la tienda de piezas y partes electrónicas hace su agosto vendiendo interfases. Lo curioso es que las empresas que requieren de adaptadores de energía para los aparatos que comercializan, han invertido en investigación y desarrollo para hacer y obtener más con menos; pero en lugar de tomar la iniciativa más simple y sensata de establecer un estándar único para los adaptadores de electricidad de sus propios equipos, máquinas y gadgets – sin dudas menos costoso para ellas y, en consecuencia, para el usuario y el ambiente – esperan a que se las obligue a ser organizaciones “de buen juicio”… O sea, a ser sensatas. En efecto, a comienzos de 2009 la Unión Europea aprobó – con vigencia a partir de 2012 – el cargador único para teléfonos móviles, con la conexión micro USB - Universal Serial Bus o Conductor Universal en Serie, que algunos gadgets ya utilizan. Es una buena noticia. Tardía para algunos y evidentemente limitada e insuficiente para nosotros, porque la norma no obliga al resto del mundo, en particular al mundo en desarrollo y al subdesarrollado; por otra parte, se concentra en sólo uno de los muchos equipos electrónicos presentes en el mercado, contribuyentes todos a la sobrepoblación de adaptadores de energía, inútiles hasta para emplearlos con otro equipo fabricado por la misma corporación – mencione una y acertará – aunque funcionen perfectamente. Extraño comportamiento éste en la era de la estandardización, donde el estándar es el no-estándar. Los diseñadores industriales parecen poner especial cuidado en que los conectores no coincidan, suponemos que en nombre de la seguridad, con lo cual incrementan también los costos de registro y patente. Otro tanto ocurre con la ubicación del compartimiento de las pilas y las precauciones que toman para dificultarnos su reemplazo, lo que nos lleva a murmurar cosas, pero ese es otro tema. Visto así, los costos de diseño y producción parecen importar muy poco, amén del impacto en el usuario convertido en coleccionista forzoso de cables y adaptadores, y claro, en el ambiente. El paso sensato para la organización que desea alinear verbo y acción – fundamental si le interesa el buen comunicar – es avanzar hacia el uso de un adaptador de energía único, sin esperar a que la obligue la legislación, cualquier legislación. Es sólo cuestión de utilizar nuestro sexto sentido: el sentido común. Es el caso del adaptador de energía del IPhone y del IPod (Apple). Sus diseñadores acertaron al incorporar en un mismo cable las habilidades de recarga de la batería y transferencia de datos; y el cable del IPhone funciona para el IPod y viceversa, algo que puede servirnos de excusa para entablar conversación con la chica de al lado. Este es el sueño de cualquier usuario de cualquier equipo eléctrico o electrónico, que para cables ya tenemos bastante – ¡Oh paradoja! - en un mundo donde las conexiones sin cable (wireless) llegaron para quedarse… a menos que las pilas se conviertan en un obstáculo insalvable. Como usuario me pregunto por qué ir a la tienda a comprar un adaptador de energía de 110 voltios a 6 voltios, si en la gaveta tengo uno – inútil, que no inservible – de un teléfono móvil extraviado gracias a mi torpeza, o de la impresora de inyección de tinta que ha mantenido mi satisfacción como su precio: muy baja. ¿Por qué mi teléfono móvil debe quedar inoperativo, si al menos uno de mis compañeros de trabajo tiene un cargador a mano? Si su empresa diseña, produce o distribuye aparatos que requieren de baterías y/o transformadores de corriente… ¡Póngase las pilas! Revise sus políticas medio-ambientales y los diseños eléctricos y electrónicos ahora, que los usuarios y el ambiente lo agradecerán. Publicado por Diógenes Mayol en su blog personal de la red DIRCOM Social |



¿Acaso no es incongruente que las empresas empleen tiempo y recursos en evitar que los usuarios utilicemos un adaptador de energía de un aparato a otro, ya no de la competencia, sino de sus propios productos? 




