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Durante las últimas décadas, los Medios de Comunicación tradicionales han visto desarrollarse a sus “hermanitos menores”. Es decir, a otros Medios de exiguo alcance en cuanto a volumen de audiencias, pero no por ello agazapados o inertes. Se trata de los llamados Medios de Comunicación Alternativos, que proliferan en nuestros países al abrigo de las nuevas tecnologías y de las imperiosas necesidades de contacto de los hombres de este siglo.
En Venezuela, los Medios Alternativos tienen historia. Ya a mediados de los años 50, surgían opciones para mostrar mensajes buscando sobre todo economía de inversión, abaratar costos de exposición y sobrevivir con propuestas creativas, novedosas y simpáticas. Vallas improvisadas y carteles furtivos marcaron el inicio. Ya enfilados hacia los tres últimos decenios, fue el turno de periódicos made in casa y de las primeras emisoras de radio y televisión con personalidad comunitaria y social, generados en condominios y urbanizaciones para intercambiar, plantear y resolver problemas “domésticos”.
Hoy, sabemos que la Comunicación Alternativa es un hecho cumplido. La realidad política en lares venezolanos ha hecho que los Medios Alternativos cobren fuerza. El sistema ha propiciado la creación de Alternativos para difundir su mensaje y arraigarse en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro país. El ente que rige la suerte y camino de los Medios Audiovisuales en Venezuela, por ejemplo, creó capítulo aparte para habilitar, promover e, incluso, financiar a estos canales particulares. Un importante espaldarazo sin lugar a dudas.
Pero ahora me pregunto: ¿tiene un Medio Alternativo que ir necesariamente de la mano con “papá estado” u oponerse a ultranza a todo cuanto ya exista? Sinceramente, creo que no. El poder de lo alternativo debe reivindicarse yendo nuevamente al origen: a la búsqueda incesante de los individuos y pequeñas colectividades, para reconocerse y plantearse soluciones concretas, apuntando a lo inmediato.
Los venezolanos somos altamente participativos en los tiempos que corren. Nos desvivimos ante nuevas opciones y protagonizamos ranking en materia de redes sociales, blogs, portales. Y ¡ni hablar! de nuestro afecto por los aparaticos, esos “gadgets” mágicos que tanto nos acercan al mundo de manera instantánea: léase teléfonos móviles, laptops, tabletas y todo cuanto implique novedad tecnológica. Esta es una aprovechable virtud, si pensamos en la poderosa herramienta de Comunicación que implican, en este contexto, las propuestas alternas.
Así las cosas, parece estar claro que es hora de “tomar la alternativa”. La sociedad criolla debe hacerse de estos nuevos Medios, para esparcirse y difundir útiles mensajes que nos mejoren como grupo y nos enrumben por los amplios caminos posibles. Se impone, a no dudarlo, la generación de Medios Alternativos en las distintas comunidades, conglomerados profesionales, centros de reunión de toda índole. Deleznar a los Alternativos y dejarlos únicamente al conveniente uso de sectorizadas porciones, no vale. No regalemos este espacio a la cosa político partidista. Los ciudadanos somos y merecemos mucho más.
por Luisa Melo Cardona
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